Sociedad Ambiental

Red Social Ambiental Iberoamericana

Fundación Vida Silvestre y las fábricas de celulosa


La industria del papel y la actividad forestal, en general, no deben ser demonizadas. El sector forestal genera riqueza y empleo, y debe ser ayudado a tornarse cada vez más sustentable

Mucho se ha dicho y mucho más se ha escrito sobre las papeleras uruguayas pero, lejos de aclararse el tema, la población parece cada vez más confundida. La Fundación Vida Silvestre Argentina presenta aquí su opinión institucional.
Hoy muchos lamentan el hecho de que ambos países acudan a La Haya u otras instancias legales. Obviamente, hubiera sido mejor un acuerdo de partes. Sin embargo, el fallo de tribunales independientes -que para eso están- es la instancia superior, civilizada, y de respeto a la ley y a las normas, que supera la solución de controversias a través de la fuerza.
Esta crisis, pese a sus aspectos negativos, generó, sin embargo, un hecho muy positivo: la toma de conciencia, por parte del gobierno argentino, de que la temática ambiental debe revalorizarse y ser cuestión de Estado, más allá de partidos, gobiernos y gobernantes.
He aquí algunos puntos a considerar que estimamos son centrales:
El tema debe circunscribirse técnicamente a lo ambiental, a su impacto en la salud humana, en la biodiversidad y en los efectos socio-económicos, dejando de lado discusiones ideológicas que sólo distraen del eje del problema y alejan su solución.
Hay que comprender que todos los procesos de desarrollo e inversión, creación de empleo y riqueza, tienen algún grado de impacto ambiental, pero son necesarios. Esto hace imprescindible compatibilizarlos con el desarrollo sustentable y la salud de la población. Toda industria, en general, produce algún grado de contaminación. El tema es cuál es el límite máximo admisible para que no tenga un impacto significativamente negativo sobre la salud humana y los recursos naturales.
La industria del papel y la actividad forestal, en general, no deben ser demonizadas. El sector forestal genera riqueza y empleo, y debe ser ayudado a tornarse cada vez más sustentable. Sin duda el sector tiene mucho por mejorar, y para ello no bastará con mejorar normas y controles estatales. Todo ciudadano puede actuar apoyando a los que hacen las cosas bien. Esto ya está ocurriendo hoy, por ejemplo, con la certificación voluntaria FSC, a través de la cual una multisectorial ambiental, social y económica está acordando estándares de responsabilidad en el manejo forestal a nivel nacional. Al elegir estos productos certificados, cada persona premia a los que manejan sus bosques responsablemente.
Cuando la contaminación, o los posibles efectos negativos, exceden las fronteras, se requiere de planificaciones conjuntas a nivel territorial, más aún si hablamos de un bloque común. En la Fundación Vida Silvestre Argentina tenemos muestras de que ello es posible: con unas 50 instituciones gubernamentales y no gubernamentales del Brasil, Uruguay y Argentina, hemos identificado áreas valiosas de pastizal natural en los tres países. Un ejercicio similar, con más de 200 instituciones del Paraguay, Bolivia, Brasil y Argentina, ha permitido un diagnóstico sobre las áreas naturales de importancia para la conservación en el Chaco Americano. Para la selva misionera, más de 100 instituciones coincidieron en desarrollar una visión común para conservar y usar sustentablemente esta región en Brasil, Paraguay y la Argentina. Todos estos esfuerzos se han logrado en los últimos cinco años.
Los estudios deben hacerse sobre bases científicas, sin conflictos de intereses. En este sentido, más allá de la indiscutible categoría de los estudios del Banco Mundial, al haber un conflicto entre países no parece lo más prudente reunir en la misma cabeza el carácter de prestamista con el de dar el aval ambiental a una obra que se está financiando.
La Fundación Vida Silvestre Argentina ha comprendido la angustia y sensación de indefensión de la comunidad de Gualeguaychú, preocupada por su salud, su ciudad y el ambiente. Debe hablársele con datos claros y precisos, asegurarle el acceso a la información técnica y contribuir para corregir aquello que eventualmente deba ser modificado. La comunidad de Gualeguaychú debe, por un lado, ser incluida a través de sus representantes en mecanismos de contralor de impacto ambiental y al mismo tiempo ella debe aceptar que la violación de derechos de terceros no es el camino para obtener el respeto de los propios.
En el estudio adicional e independiente que se requiere, deben computarse tanto el impacto acumulado de las plantas de Botnia y Ence y su gran tamaño, como incluir el de otras industrias pre-existentes que también vierten sus efluentes a las aguas del río Uruguay y sus tributarios en ambos países.
Sabemos que en la industria de la celulosa, el uso de la tecnología ¨libre de cloro elemental¨ (ECF) -que es el que utilizarán las plantas en Uruguay- es aceptado internacionalmente. Pero también sabemos que se están aprobando nuevas plantas con la tecnología «totalmente libre de cloro» (TCF), que es la que suprime los compuestos más tóxicos. La Fundación Vida Silvestre Argentina recomienda que los países de la región trabajen con la industria para reconvertir en un futuro cercano las plantas a esta última tecnología.
Es sabio, desde el punto de vista empresario, obtener el apoyo de las comunidades locales y vecinas, a las que necesitan. Algunos aspectos innecesariamente irritantes podrían ser reconsiderados para asegurar una mejor relación entre las empresas en cuestión y la comunidad de Gualeguaychú.
La única forma que tiene el gobierno argentino de avanzar sólidamente en este proceso es aplicar para todos los argentinos la misma preocupación que para los habitantes de Gualeguaychú. Debe requerirse a las plantas argentinas los mismos estándares de calidad y contaminación que a las uruguayas, dándoles el tiempo empresarial y el apoyo económico local y/o internacional para hacerlo, pero con un cronograma preciso de realización. La Fundación Vida Silvestre Argentina está dispuesta a acompañar este camino. Esto también debe aplicarse a nuevos proyectos que pueden, o podrán, estar en marcha en nuestro territorio.
Deben proclamarse, y efectivamente cumplirse, las leyes, acuerdos y tratados internacionales. La frase ¨Sólo el cumplimiento de la ley nos hará libres¨ sigue siendo vigente.
Los derechos humanos y constitucionales son esenciales, pero ese conjunto no divisible incluye la libertad de educación, religión, de respeto a la propiedad privada, de ejercer toda actividad lícita, de circular libremente por el país, sus calles y ciudades, de entrar y salir del territorio, etc. Esto debe cumplirse y defenderse. Sólo así tendremos la fuerza para hacer cumplir los derechos humanos ambientales.
Durante los largos meses que ya lleva el conflicto, la fundación recibió requerimientos para que emita su opinión. Asistimos a una escalada del conflicto a ambas márgenes del Plata y a una sucesión de hechos que sólo lograron enfrentar a dos países hermanos. No quisimos formar parte de ese enfrentamiento, ni jamás lo haremos. Las organizaciones no gubernamentales nunca debemos olvidar que somos instituciones de bien público.
Utilizamos ese tiempo para analizar la cuestión e informarnos, poniendo a disposición la Fundación Vida Silvestre Argentina para aportar a una solución, si así se requiriera, tal como lo hemos hecho en otros conflictos.
La Fundación quiere y puede trabajar junto con otras organizaciones, si se busca encontrar soluciones reales y posibles.

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